El Museo Goya de Fundación Ibercaja incorpora a su colección una nueva obra procedente de una colección privada.

Se trata de un magnífico retrato inédito de Francisco de Goya, el de José María Álvarez de Toledo, Osorio y Gonzaga (1756-1796), duque consorte de Alba, XI marqués de Villafranca y XV duque de Medinasidonia, pintado en 1783. El duque fue un joven de gran formación intelectual, y gran amante de la música y de las artes, que estuvo casado desde 1775 con María Teresa de Silva Álvarez de Toledo, la famosa duquesa de Alba, retratada también por Goya. Siempre se le denominó, oficialmente, duque de Alba.

Pintado al óleo sobre lienzo, y con unas dimensiones de 52,5 x 42,7 cm., se conserva en colección particular española. Está en perfecto estado de conservación y ahora se deposita en el Museo Goya-Colección Ibercaja-Museo Camón Aznar. Ha sido estudiado por Arturo Ansón Navarro en un catálogo, en español e inglés, que se dará a conocer en la presentación.

El modelado del rostro del joven duque es suave y delicado, y la mirada serena y de contenida expresión. Lleva una casaca de verano, de seda y de “color pulga”, que estaba por entonces a la ultimísima moda llegada de París, cuando Goya lo retrató en 1783, posiblemente en primavera o comienzos de verano, cuando el duque tenía 26 años. El corbatín está hecho con pinceladas rápidas y ligeramente empastadas, y frotados con un efecto espumeante, estilema peculiar de Goya en los corbatines de los retratos masculinos de esos años, como los del infante don Luis de Borbón y de su hijo Luis Antonio, pintados por Goya en el palacio de Arenas de San Pedro en el verano de 1783, o del arquitecto Ventura Rodríguez (Museo Nacional de Estocolmo), entre otros.

En este retrato del Joven duque de Alba, Goya ya demostró su maestría pare retratar en los comienzos de su actividad como retratista, que fue agrandándose desde mediados de la década de 1780. Goya se convirtió desde 1785 en el mejor y más cotizado retratista español de su época, hasta su marcha a Burdeos en 1824. Goya retrataría al duque de Alba en otras dos ocasiones, en 1794 y 1795, poco antes de su muerte, en sendos magníficos retratos que se exhiben en el Instituto de Arte de Chicago y en el Museo Nacional del Prado, respectivamente.



 

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