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LA DESAPARECIDA TORRE DE SAN JUAN Y SAN PEDRO. CA. 1915

ARCHIVO MARÍA PILAR BERNAD ARILLA

 

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Fran Ríos Raffo / ANTEAYER FOTOGRÁFICO ZARAGOZANO

Las abuelas de antes de la guerra a la calle de Don Jaime le decían de San Gil, que era como en tiempos se le llamaba al trecho que iba desde el Coso a Méndez Núñez. En esa intersección se encontraba la parroquia de San Pedro, al que se le dedicaba el siguiente tramo de calle, hasta el ensanche de la plaza de San Martín, coincidente ahora con la de Ariño. 

A ésta de San Pedro se le anteponía el calificativo de “calle baja”, mientras que la “calle alta de San Pedro” era la que hoy denominamos de San Jorge.  En el ángulo que hacían ambas era donde estaba la parroquia, mozárabe tal vez, derribada en 1857 con el fin de alinear las vías concatenadas que llevaban del Coso a la Plaza de la Seo, cuya resultante pasó a honrar al rey Don Jaime I el Conquistador. 

La calle "alta de San Pedro” conducía a la plaza de Pedro Nolasco, fundador de la “Orden de la Merced”, también santo, también Pedro y también titular de un modesto templo, en su caso barroco, situado donde hoy se halla el del Sagrado Corazón. La actual plaza debe su anchura a la desaparición de una pequeña manzana que contenía a otra pequeña parroquia, la de San Lorenzo, con fachada a una irregular plazuela homónima. 

Algo más allá, paralela a la “alta de San Pedro” corría la calle de San Juan el Viejo, que tomaba el nombre de la definitiva iglesia de esta historia. La poseedora de la torre mudéjar que aparece en la fotografía. 

Se le decía "el viejo" por distinguirlo de la iglesuela conocida popularmente como San Juan del Puente, pegada a la puerta del Ángel y parte del complejo palaciego desde donde se regía el Reyno cuando el Reyno se regía. 

San Pedro y San Juan el Viejo compartían cura párroco, si bien eran parroquias independientes. Quiso la mala fortuna que durante los Sitios la artillería francesa hiciese algún destrozo en la segunda, acogiendo la primera a los feligreses desahuciados. Fueron los frailes trinitarios (la francesada también había arruinado su convento) quienes recuperaron para sí la estragada iglesia. Su ocupación fue solo transitoria, finalizando en 1832, de modo que cuando la fábrica de San Pedro desapareció dentro del plan de alineación antes citado, pasó a albergar a la parroquia conjunta de San Juan y de San Pedro.

Dice la conveniencia que por ser la Historia de España en extremo enrevesada conviene simplificarla y no apabullar con ella a los infantes, quienes así podrán empaparse mejor con lo sucedido entre mexicanos y texanos en "El Álamo” o las claves del asesinato de JFK. Tal reduccionismo sin embargo dejará sin explicación ciertos aspectos, como la razón por la que las parroquias mencionadas, a las que hay que añadir San Andrés, Santiago y San Juan del Puente, vecinas entre ellas, fueron sucumbiendo a la piqueta en el curso de unas pocas décadas. Baste con recordar que desde el primer amago de desamortización, en tiempos de Aranda, a las definitivas de 1855, el clero por primera vez hubo de apechugar con sus bienes ante la debacle de la Nación. Añadámosle a ello un plan de reordenamiento parroquial que venía rodando desde 1840. 

Fragmentos del plano levantado por Carlos Casanova en 1769

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En 1830 la iglesia de San Juan del Puente y el palacio de la Diputación del Reino fueron regalados por Fernando VII al Arzobispado. Ambos edificios, aun tocados por la artillería napoléonica, no habían sufrido tanto destrozo como para merecer ser borrados del paisaje. En su solar fue alzado el Seminario Pontificio de la plaza de la Seo. De San Pedro sabemos ya el destino. San Lorenzo se convirtió en enrona en 1866, siendo la razón de su derribo la necesidad de ceder espacio al que sería primer mercado cubierto de la ciudad. Colaboró en la destrucción el temor a que su agudo chapitel se desplomase y el argumento de que con el material recuperado se podría dotar por fin de una iglesia a Garrapinilllos. La cercana parroquia de San Andrés, que en su origen pudo ser sinagoga, cerrada en 1909 mal pervivió hasta 1930. Santiago, a pesar de su íntimo vínculo con el gobierno municipal, dejó de ser parroquia en 1896 para acabar demolida en 1915. Afectada por la desamortización, la fábrica de San Pedro Nolasco cumplió una extensa hoja de servicios antes de retomar su función de parroquia suplantando a la de San Lorenzo. Lo mismo le dio porque acabó derribada en 1930. Pasada la guerra los jesuitas encargaron a los Borobio elevar en esa misma esquina la mole del Sagrado Corazón. Circunscribiéndonos a las calles adyacentes a Don Jaime, únicamente sobreviven los templos de San Gil y Santa Cruz. 

Arrinconada, San Juan el Viejo pasó desapercibida para la gran ciudadanía. Su torre era apenas visible desde la calle. Los eruditos en cambio no dejaron jamás de mencionarla en sus tratados, fotografiándola en numerosas ocasiones. En 1909 perdió su carácter parroquial y pasó a formar parte del capítulo de la Seo. En 1950 fue definitivamente desacralizada y repartidos sus enseres entre distintas posesiones de la Archidiócesis, alguna tan peculiar como la ermita sita en el “Stadium Casablanca”. Como ha sucedido en casos análogos, la clausura definitiva hizo que su deterioro se convirtiese en ruina.

Gerardo Sancho Ramo. 1967. Archivo Municipal de Zaragoza

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Tal así que en 1966 el Arzobispado solicitó al Ayuntamiento licencia de derribo, alegando también en este caso que los dineros obtenidos de la venta servirían para levantar otra parroquia en los extrarradios. El edificio se hallaba clasificado como de “interés artístico”, empero la “comisión de cultura” responsable concluyó que dicho interés, por escaso, “no justificaba su conservación”. Era ya la segunda mitad del XX. A esas aturas nadie medianamente instruido podía prever el que se prescindiese de tan hermoso vestigio que conectaba a la ciudad con su antepasada mudéjar, o quién sabe si islámica. El constructor Ortiz Gratal adquirió el solar y su contiguo, levantando en ellos el actual nº 8 de la calle del Refugio.  

La presente fotografía ha de estar tomada alrededor de 1915 desde algún piso alto del edificio de San Jorge nº 7. Así lo invita a suponer la superposición del cuadrado campanario de San Juan y San Pedro con la novísima torre del Pilar, que en honor a la Santísima Virgen acababa de ser rematada en 1907. A la izquierda asoma el remate de la cúpula central del Pilar, y deslizándonos hacia la derecha las torrecillas en los vértices de las cubiertas de la Lonja. 

Entre nosotros y ellas, un mar de tejados. Imaginemos las tejas rojas, granates y marrones, así como el enladrillado de la torre, ocre como lo es toda Zaragoza. No cabe más belleza. 

(*) Hay quien interpreta que el proyecto de Magdalena para la iglesia de Garrapinillos es un homenaje al sacrificado templo mudéjar.


 

 


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