Pilar de Valderrama Alday

Pilar de Valderrama Alday

Madrid, 27.IX.1889 – 15.X.1979

Escritora

El teatro rebrota una y otra vez, sobreviviendo al ahogo de todo tipo de dificultades, económicas, técnicas o de censura. Hoy queremos recordar el papel esencial que tradicionalmente han jugado los teatros de cámara, que con pocos medios y mucho impulso, lograron irradiar obras y autores, desde aforos muy reducidos hasta el gran público.

Pilar de Valderrama, fue, junto a su marido, la principal impulsora y artífice del “Teatro Íntimo Fantasio” (1929-1930), con sede en su casa de la calle Pintor Rosales. “Fantasio” ha sido considerado como uno de los teatros de cámara más interesantes del Madrid pre-republicano.

Poeta y autora dramática de cierto renombre durante los años anteriores a la Guerra Civil Española, Pilar de Valderrama fue autora de cinco libros de poesía (Las piedras de Horeb, Huerto cerrado, Esencias, Holocausto y Espacio) y de tres títulos teatrales que no llegaron a representarse en los escenarios comerciales de preguerra —El tercer mundo, El sueño de las tres princesas y La vida que no se vive (estos dos últimos, inéditos)—, así como de un texto autobiográfico publicado después de su muerte, Sí, soy Guiomar. Memorias de mi vida (1981), con prólogo de Jorge Guillén, en el que se incluían también más de una treintena de cartas del extenso epistolario que Antonio Machado le había dirigido, y que desvelaba públicamente su secreta relación con el poeta consagrado. Las sospechas sobre la escondida identidad del último amor de Machado se reavivaron en los medios literarios tras la difusión de los trabajos de Concha Espina (1950), José Luis Cano (1950, 1952) y Justina Ruiz de Conde (1964), que alertaron ya acerca de su condición de inspiradora de dos libros claves en la producción machadiana: Canciones a Guiomar y Otras canciones a Guiomar. Durante los últimos años, se ha rescatado para los estudios literarios su propia creación poética y teatral, que la integra de pleno derecho entre ese grupo de mujeres españolas que durante las décadas de 1920 y 1930 colaboró con su actividad creativa al incipiente proceso de emancipación femenina en España. Cabe destacar, igualmente, su contribución a las corrientes de renovación teatral de aquel período mediante la puesta en marcha de “Teatro Íntimo Fantasio” (1929-1930), con sede en su casa de la calle Pintor Rosales, del que ella fue, junto a su marido, principal impulsora y artífice. “Fantasio” ha sido considerado como uno de los teatros de cámara más interesantes del Madrid pre-republicano. Su valor no radicó tan sólo en una cuidada selección literaria de los títulos representados —llevando a escena piezas de Aristófanes, Benavente, Cabezas, Lord Dunsany, Martínez Romarate, Pérez de la Ossa y Verdaguer, además del montaje único del cuadro poético de la propia Valderrama, El sueño de las tres princesas [30 de abril de 1929]—, sino especialmente en unas realizaciones escénicas de gran calidad, como ya observaron importantes críticos de la época al destacar la cuidada factura de sus bellas escenografías y excelente iluminación.

Pilar de Valderrama nació en Madrid poco antes de que su padre, Francisco de Valderrama, fuera nombrado gobernador de Zaragoza. Tras la temprana muerte de su progenitor, ocurrida cuando ella tenía tan sólo cuatro años, la familia se trasladó a Montilla (Córdoba). Posteriormente, volvió a Madrid, para que los tres hermanos pudieran seguir sus estudios. Como otras jóvenes de su clase y de su tiempo, se educó en el Colegio del Sagrado Corazón desde los ocho hasta los catorce años. Su madre, Ernestina Alday, volvió a casarse. Pilar vivió entonces un período difícil en el seno de esta nueva familia, situación que influyó en su decisión de contraer rápido matrimonio, antes de cumplir la veintena, con un amigo de su hermano, Rafael Martínez Romarate, ingeniero de formación que se dedicó a la escritura, la pintura, la escenografía y la luminotecnia. Tuvo con él tres hijos: Alicia, María de la Luz y Rafael, también dedicados a la literatura y el teatro. En 1923, Valderrama publicó su primer libro de poemas, Las piedras de Horeb, solicitando a su cuñado, el escultor Victorio Macho, el diseño de la portada, y las ilustraciones interiores a Martínez Romarate. Por aquellos años, la escritora participó asiduamente en las actividades del Lyceum Club Femenino, de Madrid: “Allí acudían María de Maeztu, Zenobia Camprubí, la mujer de Pérez de Ayala, la de Zubiaurre y otras muchas escritoras y artistas” (Sí, soy Guiomar, 1981: 37). Valderrama asistía también con frecuencia a la tertulia de Concha Espina y a la de sus cuñados María Soledad y Victorio, así como a las sesiones teatrales de “El Mirlo Blanco”, el teatro de cámara de los Baroja, cultivando la amistad de otras escritoras contemporáneas, como Halma Angélico, Carmen Baroja y Matilde Ras.

El año 1928 fue clave en su biografía. Publicó entonces su segundo libro poético, Huerto cerrado, bien acogido por críticos como Araujo Costa, Bueno, Castro, Díez Canedo, Fernández Almagro y González Ruano, entre otros. Tomó su título del bíblico Cantar de los Cantares, bajo la influencia de su predilección por san Juan de la Cruz. La autora cita también entre sus autores favoritos de aquellos años a fray Luis de León, Jorge Manrique y Gonzalo de Berceo, entre los poetas antiguos, y entre los modernos, a Bécquer y, especialmente, a Antonio Machado: “Le leía con tanta frecuencia, que yo que nunca tuve en la memoria ni los versos míos, me sabía los suyos de tanto repetirlos en silencio” (Sí, soy Guiomar, 1981: 40). Ese mismo año, Pilar conoció personalmente al autor de Campos de Castilla durante una breve estancia en Segovia en la que trataba de reponerse de una fuerte crisis sentimental, originada por el reciente conocimiento de una larga aventura extraconyugal de su marido. Se inició entonces una estrecha relación con el poeta, que supuso para ambos un notable estímulo personal y literario. En 1930 Valderrama publicó su tercer libro poético, Esencias, elogiosamente reseñado por Antonio Machado en Los lunes de El Imparcial, y fue nombrada miembro correspondiente de la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz. Si su poesía del momento se mantenía un tanto al margen de las tendencias vanguardistas predominantes entre la nueva generación, su posterior obra de teatro, El tercer mundo (1934), sí se inserta en el contexto de la renovación dramática que algunos poetas de la generación del 27 estaban llevando a cabo. Este “poema dramático”, como lo calificó su autora, se caracteriza por su intenso lirismo y una propuesta de montaje también innovadora, atenta al uso de la luz, música y vestuario para la creación de un ambiente de irrealidad, de bella plasticidad. La obra rompía con las expectativas comerciales del género —el teatro poético de Marquina o Villaespesa— y planteaba, además, cuestiones de polémica actualidad en torno a la exploración de nuevas dimensiones de lo real (el sueño, la enfermedad mental, el psiconanálisis, el pirandelismo y el metateatro), así como el tratamiento de temas novedosos y controvertidos como la situación de la mujer burguesa en el matrimonio, la difícil compenetración entre los sexos y el triángulo amoroso adúltero, desde una perspectiva feminista moderada.

Como se observa en tantas otras biografías de su generación, la Guerra Civil supuso el final de los años de plenitud creativa. Valderrama abandonó Madrid a comienzos de 1936 junto a su familia, para marchar a Lisboa, primero, y Estoril, poco después, hasta regresar en 1937 a Salamanca y, después, a su finca familiar en Palencia, donde pasó el resto de la contienda sin tener noticias de Antonio Machado y angustiada por la suerte de su hijo, que luchaba en el frente. Ambos murieron al final del conflicto. Al profundo pesar causado por la noticia del fallecimiento del poeta en la soledad del exilio, se unió algún tiempo después el dolor irreparable por la pérdida de su hijo, gravemente enfermo tras las penalidades sufridas en combate, al que dedicó su penúltimo libro poético, Holocausto (1943). No fue fácil para la familia comenzar una nueva vida en el Madrid de posguerra, por las pérdidas humanas y económicas sufridas. Martínez Romarate intentó reorganizar parcialmente su patrimonio y trabajó como jefe de los servicios técnicos de los Teatros Nacionales hasta su muerte, en 1954. La escritora tuvo todavía alguna satisfacción literaria, como la lectura en el Ateneo de su obra inédita de preguerra La vida que no se vive (junio de 1944) y la publicación de su Obra poética (1959), que incluía su último libro de versos, Espacio. Su muerte acaeció en 1979, en su domicilio madrileño de la calle Rosales.

Pilar Nieva de la Paz

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